CUANDO NECESITAS SALIR DEL BOSQUE PARA VER ALGO MÁS QUE ÁRBOLES; PUEDE QUE VEAS BARCOS Y DESEES COGER UN REMO

No deberíamos dejar de observar la realidad con perspectiva, pero lo cierto es que el ser humano tiende a analizar siempre los problemas desde dentro. Y así es imposible.

Quiero -necesito- hacer esta reflexión, sobre un caso concreto que me ha traído bastante ocupado durante muchos meses: la visión de la política.

En España no tenemos madurez política; bajo mi punto de vista se debe a que no analizamos la realidad con perspectiva. Los partidos políticos se han convertido en clubes de aficionados -simpatizantes y militantes-, que en la mayoría de las ocasiones siguen las partituras de sus dirigentes como si la vida les fuera en ello, y esta actitud solo viene motivada por analizar el entorno desde dentro, y no desde fuera.

¿La prueba? Si los dirigentes cambian la partitura, la mayoría de los militantes y simpatizantes adaptan rápidamente su melodía a aquélla, sin más, sin preguntar. Si hoy defendemos a Vivaldi, mañana podemos ser los máximos defensores del reguetón.

En esto influyen, principalmente, dos factores:

  • Los partidos políticos necesitan personas serias, maduras y formadas, que sean capaces de abordar la evolución de las ideas, que es bastante distinto de los “golpes de timón”. La base electoral de un partido puede evolucionar a la par de la sociedad, pero no “tocar las palmas” cada vez que alguien coja el timón y le dé un giro de 180º.
  • Las personas serias, maduras y formadas, necesitan partidos políticos fuertes ideológicamente, que no actúen solo al dictado del electorado. La función de un partido político debe ser la defensa de una ideología para conseguir que el votante apueste por un gobierno que gobierne en base a esa ideología. Y debe formar a sus bases para seguir alimentando a los gobiernos (municipales, autonómicos y nacional) de personas éticas y preparadas. Pero debe gobernar por los intereses del ciudadano, por encima de todo.

El votante “de a pie” por un lado, y el votante simpatizante/militante por otro, deben juzgar con perspectiva:

  • Los primeros se dividen en hooligans y en indecisos. Los hooligans no analizan la realidad desde la perspectiva, siempre votarán al mismo partido político, independientemente de la partitura que éste interprete. En cambio, el indeciso probablemente sea el único votante que analiza la situación con perspectiva: al ver la situación desde el exterior, se informa de los programas electorales, o al menos de las líneas generales, analiza a los candidatos, mira qué han hecho los actuales gobernantes por su entorno y economía, y deciden el voto. Solemos cometer el error de considerarlos, despectivamente, “ese grupito que no entiende de política”. Grave error, pues son realmente los que inclinan la balanza en las elecciones.
  • Los segundos, realmente no tienen grandes divisiones. Normalmente actúan en bloque, creen firmemente en la defensa del partido político, y la perspectiva es una ilusión óptica, como mucho salen del arrecife para verlo desde fuera, pero están dentro de la pecera. Por desgracia, las evoluciones suelen acometerse como revoluciones, a golpe de timón, y en el 99% de los casos consisten, exclusivamente, en el cambio de quien gobierna el barco: luchas de personas frente a ideas. Pasada la guerra, el timón vuelve al punto de partida, y listo.

Me gustaría, a partir de aquí, centrarme en los simpatizantes/militantes, a los que a partir de ahora paso a denominar “afiliados”, para simplificar. Y lo voy a hacer desde mi experiencia personal, ya que durante 20 años he sido afiliado a un partido político y he desempeñado responsabilidades orgánicas en todos los niveles, desde el local al nacional. Y tras esos 20 años, tomé la decisión de salirme del bosque porque solo veía árboles: en resumen, cómo un afiliado puede perder totalmente la perspectiva.

Yo he sido el mayor defensor del Partido Popular, al igual que mis compañeros -y en muchísimos casos, buenos amigos-. Comencé en el PP de Don José María Aznar, en el PP Javier Arenas, en el PP de Amalia y Ricardo, en el PP de Juan, Eloy, José Luis, Manolo… un partido unido con unas ideas bien definidas. Hasta tal punto que el voto joven -eso que ahora echamos de menos- dio la mayoría absoluta en la segunda legislatura. En ese PP pude, desde Nuevas Generaciones y desde el propio partido, poder hacer labores de comunicación política desde Sevilla, desde Andalucía e incluso desde Génova. Disfruté mucho, me formé aún más, tuve la oportunidad de conocer todas las provincias de mi país, y a los mejores compañeros del mundo. Fue mi primera etapa.

Vino después una segunda etapa: la laboral. Mis inquietudes terminaron por alejarme de aquella actividad pública. Al final la sed de dedicarme aún más a lo que me gustaba profesionalmente, me hizo decantarme por el mundo de la empresa privada. Cumplí mi etapa dentro de la organización (aprovecho para aclarar que siempre sin remuneración).

Y entramos aquí en la tercera etapa. La vida, que es como es, quiso que acabase en Espartinas. Mi papel pasó a ser el de político “consorte”. Anecdóticamente este papel me ha brindado la oportunidad de disfrutar de los motes que te van poniendo los vecinos: concejal consorte, marileno… y cosas que prefiero no reproducir aquí.

Y llegamos a la cuarta etapa. En mi provincia llegó el momento de la renovación, y como os he explicado antes, los afiliados suelen centrar estas decisiones en personas, no en ideas. Una pena porque tras las personas suelen existir ideas, que no ven los afiliados, y además no se dan cuenta de que en muchas ocasiones, las ideas son las mismas, con matices.

Somos los de fulanito, o somos los de menganito, así de simplista. Y cuando gana fulanito o menganito, unión -no siempre es fácil-, y a seguir adelante. Resulta que cuando has trabajado con fulanito y con menganito, y has tenido siempre aprecio y cariño por ellos, puede resultarte muy difícil entrar en esta guerra. Y si eres emocional como yo, el desgaste que puede provocarte la situación puede romperte.

Si me estáis leyendo y me conocéis, sabéis que hay cosas que no me puedo perdonar, como la de perder los papeles. Además, me vi inmerso en problemas locales con la elección de la candidata a la alcaldía de Espartinas. Yo había perdido por completo la perspectiva, estaba actuando emocionalmente y tuve que tomar la decisión: salir del bosque. Sinceramente, creo que es la decisión por la que más guantazos he recibido en mi vida, y por el que he pagado el precio más alto que se puede pagar (casi dejar de ver a tus propis hijos), pero la necesitaba para volver a ver la realidad con cordura.

Me estoy extendiendo mucho -lo siento-, porque necesito, ahora que veo la situación con perspectiva, tomar decisiones. Me he salido del bosque, y os he estado observando desde el mar. ¿Tenéis un remo?

Un abrazo,

Juanma de la Torre